Símbolo de la belleza istmeña, inspiración para artistas y de constante innovación en el mundo de la moda, el traje istmeño despunta como uno de los más bellos de Oaxaca y de México.

Con el paso del ferrocarril por el Istmo de Tehuantepec y con la apertura del Puerto de Salina Cruz en el siglo XIX, las importaciones de diferentes materiales, entre ellos, telas de países europeos, fueron solo algunos de los pasos que llevaron al traje de tehuana a evolucionar de un enredo de tela a sofisticados bordados de con tela de terciopelo, flores grandes y multicolores, olanes almidonados y arreglos fastuosos en la cabeza que le dan un toque de elegancia.

¿QUÉ CUENTA LA HISTORIA DEL TRAJE DE TEHUANA?

Algunos recuentos históricos apuntan descripciones de viajeros extranjeros como Charles Etienne Brasseur de Bourbourg un aventurero francés de mediados del siglo XIX. En 1861 hizo algunos escritos acerca de las matriarcas tehuanas; su descripción las dibujaba como amazonas zapotecas, “Esa noche ella llevaba una falda de una tela a rayas, color verde agua, un huipil de gasa de seda rojo encamado, bordado de oro, su cabello separado en la frente y trenzado con largos listones azules, formaban dos esplendidas trenzas, lo repito, jamás he visto una imagen más impresionante de Isis o de Cleopatra”, escribió.

Por otra parte, la investigadora Julia Astrid Suárez, menciona la relevancia de este traje en su investigación sobre la vida de Juana C. Romero, importante mujer istmeña que forma parte importante de la historia y desarrollo del Istmo de Tehuantepec.

“Los trajes en el Istmo deTehuantepec antes de 1900, no eran bordados, eran trajes de enredo, con cintas doradas y un olán de la misma tela”, menciona la investigadora, la cual, reitera la importante influencia de Cata Romero en la recreación del traje de tehuana; “Doña Juana C.Romero hace un traje como el de una reina, porque hace una innovación, ya que ella adquiría telas importadas”.

La investigadora menciona que al Puerto de Salina Cruz llegaban telas de otras partes del mundo, las cuales fueron aprovechadas por Juana Romero para modificar, “Doña Juana tomaba las telas que tenían forma de pañoleta, de modo que una enagua quedaba hecha con tres lienzos, juntaba los pedazos de tela, los acinturaba, para formar faldones y posteriormente les agregó las flores y los olanes”.

Dichas innovaciones fueron posibles con la creación de la Escuela de Artes y Oficios en el siglo XIX, fundada por Juana Cata, la cual albergaba a señoritas que acudían a aprender oficios propios para las mujeres de su época. Con el trabajo de dichas mujeres fue como se incorporó el bordado de flores al traje de terciopelo, que según la investigadora Suárez Reyna tiene fuertes tiene fuertes influencias victorianas.

ASÍ INSPIRÓ EL TRAJE A LOS ARTISTAS

Algunas demostraciones artísticas como las de Diego Rivera y Miguel Covarrubias en la década de 1930 donde muestran en  murales  escenas sobre la vida cotidiana de las mujeres istmeñas.

Frida Kahlo, por su parte, adoptó como su indumentaria habitual el huipil y la enagua como su sello personal, tal fue su influencia que en varios de sus autorretratos la muestran con grandes trenzas, coloridas blusas y flores que la muestran como la mujer que elevó el traje a nivel nacional y hasta internacional.

Otro de los intelectuales inspirados en la forma de vida, la belleza y el porte de las mujeres fue Miguel Covarrubias, artista plástico quien trabajabajó en la década de los 30´s  en la afamada revista Vanity Fair y New Yorker. Sus diversas pinturas ilustraban la cotidianidad de la comunidad zapoteca, obras realizadas en sus numerosos viajes al Istmo de Tehuantepec.

VARIANTES DEL TRAJE

El vestido del Istmo de Tehuantepec tiene diferentes variantes: la de gala, acompañado de grandes y acentuadas joyas de oro, tocados de flores, listones o trenzas en la cabeza, ello dependiendo del gusto de quien lo porta. La enagua y el huipil generalmente son de terciopelo con flores bordadas a mano o a ganchillo.

Las enaguas son de tres tipos: la falda plisada y de forma acampanada; la rabona o bisu‘di, de tela ligera con un olán, pueden ser lisas o con motivos florales, además de tener la versatilidad de usarse con todo tipo de huipiles que le combinen; por otra parte, la enagua de olán se usa para celebraciones importantes, como bodas, XV años y sobre todo en las velas patronales, en esos casos el traje debe ser con los mismos diseños y se acentúa con un olán blanco fuertemente almidonado. En algunos casos el uso del resplandor o “bidaniro” se usa a modo de complemento.

Lo que hace al traje de tehuana uno de los más llamativos es la extensa variedad de modelos, bordados y tipos de telas. Además de la fuerte influencia de diseñadores oaxaqueños, mexicanos y hasta internacionales que le han dado un toque de distinción, pero sobre todo de marcada importancia como una tendencia de etnomoda.

En la parte huave de la región istmeña el traje comprende el “vidani-uro” es un encaje en forma de ropón de niño que rodea el rostro de quien lo porta, cuelgan pequeñas mangas en el pecho y la espalda; huipil corto, de tela de algodón color rojo, con decoraciones de franjas anchas con bordados hechos a mano o a máquina; enredo, de la misma tela de algodón rojo, hecho en telar de cintura, con líneas verticales de color blanco, rodea la cadera y se sujeta con una faja de algodón.

Usar el traje de tehuana tiene un significado de alta relevancia social, ya que dependiendo el nivel económico es el resalte del vestido, la cantidad de oro y el tipo de bordado, ya sea a mano, máquina o a ganchillo. Portarlo es sinónimo de orgullo, de belleza y de fortaleza; pero sobre todo de ser una mujer istmeña que preserva sus tradiciones.     

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