Peleas, sexo y hasta engaños…

El amor, el amor, esa cosa que muchas veces no tiene descripción, que nos hace suspirar, soñar dormidos y hasta gemir. Así es el amor, la sustancia que segregamos en el momento cumbre del enamoramiento y que en tiempos del coronavirus también está en crisis.

A muchos les ha tocado estar solo, con la familia o con la pareja, justo en ese encierro es cuando despiertan los deseos o explotan las represiones.

¿Cómo vives tu esta etapa? ¿Eres de los 220 millones de usuarios que ha optado por deslizar el dedo en Tinder, dejarse ver en Grindr, evocar viejos amores o vive su relación en la tranquila cuarentena?

Lo que es cierto, es que no puedes salir, estás en casa, atado, trabajando o haciendo cualquier cosa que te haga productivo.

Pero, ¿cómo es amar en tiempos de pandemia? Para tener un panorama más de este confinamiento jóvenes millenials cuentan que ha pasado con su vida amorosa.

Carmen, 29 años 

“Vivo una amor bastante amargo que se intenta levantar y reconstruir, ya que justo dos semanas después de que comenzó la cuarentena descubrí su infidelidad y por la cuarentena tuvimos que seguir juntos.

Vivo con mi pareja aún, pero no sabemos hacia dónde va la relación o si sólo es la inercia de la cuarentena. Los problemas que enfrentamos son que no sabemos si seguimos juntos por la cuarentena o por amor y nuestro reto es recuperar lo que teníamos antes de la cuarentena finalice.

Soy una persona que cree en el destino y pienso que por algo esto pasó justo en este momento. Espero no equivocarme”.

Lorenzo, 30 años

“Estoy solo con mi perrito y mi gato como maestra jubilada de pueblo…tuve problemas de oído (risas) ”

¿Se liga? “Yo no ligué para nada, no salí más que para comprar, abandoné a mi mayate en estos días”

¿Y eso? “Porque ambos trabajamos, él en un restaurante y no dejó de trabajar y no creímos conveniente vernos por los posibles contagios”. 

Fermín, 29 años 

“Desde lejos, no solo porque hay que mantener la sana distancia, sino porque  vivo en un lugar diferente de mi pareja, de quien me distancié cuando me mude a otra ciudad hace seis meses. Así que desde antes que empezara todo esto de mantenerse lejos de los demás yo ya llevaba una relación a distancia”

Creo que en mi caso, la pandemia ha sido una metáfora de la distancia que ha habido entre nosotros…últimamente.  Y de la imposibilidad de vernos no solo por los problemas que hemos tenido, sino porque encontramos que implicaría un riesgo de contagio y de transmisión. Me resulta paradójico cómo las propias circunstancias de esta pandemia nos obligaron necesariamente tomarnos un tiempo lejos del otro.

¿Y la pasión? “Pues aguantándome… ja ja ja, no me considero una persona muy pasional, así que por lo pronto no me afecta mucho la abstinencia. Pero tarde o temprano me pegará la falta de romance…

Creo que los mayores problemas y retos en lo afectivo y que nos plantea esta pandemia es el hecho de hacerse a la idea de que a veces no contamos con otros, y que debemos enfrentar las cosas solos, y si a veces se extraña la compañía de una pareja o de algún ser querido, porque en ellos recibimos el afecto y el cariño, que resulta tan necesaria en estas épocas de incertidumbre, pero por otro lado creo que esta pandemia y el aislamiento que nos implica es una oportunidad de cultivar nuestra individualidad y nuestra fortaleza para afrontar nosotros mismos los retos de la vida, considero que es una oportunidad para el autoconocimiento”.

Luisa, 29 años

“Vivo con mi esposo y mis hijos y esta cuarentena llegó en el momento justo para nosotros, no solo estábamos cansados, definitivamente estábamos en crisis como pareja. La rutina no permite ver con claridad por cuánto tiempo posponemos ciertas cosas, desde una compostura en casa hasta un beso o un orgasmo.

Nos tomó enfermos y nos permitió cuidarnos y recuperarnos sin prisas y con la ayuda de la familia que estaba disponible por la pandemia. Pudimos sentarnos a hablar hasta la madrugada y encontrar el nudo y nos dio el tiempo para intentar deshacerlo (seguimos y seguiremos en eso).

Hemos podido tener una vida sexual más divertida, por primera vez incluimos vibradores y otras herramientas que prometen, pero no siempre cumplen. Hemos descubierto que nos gusta ahora, que ya no nos gusta tanto y qué nos sigue gustando y lo habíamos hecho a un lado.

Cambiamos tan constantemente que es difícil darse cuenta…

Creímos que sabíamos cómo satisfacernos pero hemos podido expandir nuestros horizontes, antes habíamos intentado tener sexo anal, pero requiere paciencia y no la habíamos tenido, habían sido intentos medianamente buenos y otros malos, pero ahora lo logramos y resultó más agradable y excitante de lo que parecía, por fin pudimos usar bien el lubricante, intentar mejores métodos para no dejar al dolor asomarse y estropearlo todo, y bueno, ha sido nuestro mejor descubrimiento hasta ahora, un descubrimiento que nos ha traído más orgasmos y mejor humor.

No dormimos en la misma cama porque nuestros bebés necesitan cuidado en la noche y cada quien duerme con uno, pero ahora hemos notado la importancia de esperar a que los niños duerman para poder hablar, abrazarnos, darnos besos, hacer el amor o a veces solo recostarnos y dormitar un poco. El reto sin duda es no quedarse dormidos de tanto cansancio mientras dormimos a algún hijo”.

Roberto, 30 años

«No me había dado cuenta cuando la quería, ni lo mucho que la extrañaría si me hacía falta. Hace tiempo atravesamos una severa crisis, nos separamos por tres meses, aún viviendo en la misma casa, todo estuvo a tiempo de acabar…

Y después de mucho llorar, hablar, quitarnos e insultarnos volvimos. Con esperanza y planes.

Aunque la cuarentena llegó, el home office también. Estoy igual de estresado que estar en la oficina, me abruma todo, las noticias, la gente el clima, mi perro y los deberes de la casa. No duermo bien y lo único que quiero es beber y comer.

Quiero creear y quiero leer, pero no tengo tiempo, el trabajo me atrapa y me llena de bruma. Es un tanto miserable pensar eso, sobre todo porque siento que no debo quejarme y menos por cómo están las cosas.

Con ella, las cosas van bien, ambos cansados por el trabajo, atados a la laptop y a las notificaciones del jefe. Pensando qué comer y cómo ir a comprar.

Aunque la actividad sexual es poca, ahora sé que estamos en esa etapa del amor cómplice, donde nos adivinamos el pensamiento, sabemos exactamente qué queremos. Sé que no quiero perderla y que estaría perdido si enfermera, sus alergias y asma la hacen vulnerable. No quiero que se la lleve el coronavirus».

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